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Los medios de comunicación de masas en tiempos de guerra
Author(s) -
Gastón Nicolás Flores
Publication year - 1970
Publication title -
la trama de la comunicación
Language(s) - Spanish
Resource type - Journals
eISSN - 2314-2634
pISSN - 1668-5628
DOI - 10.35305/lt.v7i0.273
Subject(s) - political science , medicine
La democracia ha recorrido un largo camino desde su creación en Atenas. No es ahora, sin embargo, la misma democracia. Durante los muchos momentos en los que fue aplicada, conservó sin duda su principal característica, la posibilidad de que el pueblo (dejando de lado el verdadero alcance del concepto) se expresara libremente para decidir asuntos de gran importancia para toda la sociedad. En toda democracia, la capacidad de construcción de una opinión pública que apoyara determinada sanción, ley o gobierno fue algo primordial para la perpetuación del poder político. Esto fue puesto en evidencia hace ya muchos años: Aristóteles ya lo señalaba en su época. Las que han cambiado sin duda son las reglas del juego: cómo el pueblo puede expresarse. Las diferencias son tan radicales que muchos consideran que en realidad no se puede hablar de democracia en la actualidad. De la opinión lógica y la retórica antigua se ha pasado a un discurso vacío de palabras lógicas, pero lleno de imágenes manipuladoras. De la opinión cara a cara, del consenso, se ha pasado a la opinión unidireccional y autoritaria, con poco o nulo poder de refutación. Fueron los medios de comunicación, surgidos primero de la imprenta y luego de la electrónica, los que cambiaron a lo largo de ya muchas generaciones las reglas de este juego político que todavía hoy llamamos democracia. La opinión pública ha dejado de ser patrimonio de seres humanos independientes, para comenzar a ser construida por unos pocos para la masa. En la sociedad de masas, más que nunca, se necesita un gran consenso, y allí aparecen los medios como un gran instrumento. Como apunta Roland Cayrol 1, «la prensa —diremos los medios, para abarcar el escrito y el audiovisual— constituye evidentemente el medio más eficaz de información y de formación de esta opinión pública. Son los intermediarios por excelencia entre gobernantes y gobernados.» Hasta ahí todo parece correcto, pero nos olvidamos de algo: los medios no son la panacea de la democracia, ni están desligados de la sociedad. Están insertados en el sistema capitalista mundial pues son empresas que prestan un servicio. Como empresas, pueden quebrar, ser compradas, ser reducidas para ahorrar costos, ser presionadas o controladas por otros intereses económicos. Y, principalmente, no es un intermediario neutro, no es un árbitro dentro de la sociedad: pueden ser manipuladas también por el Estado. Cayrol continúa diciendo: «sólo existe entonces democracia viva si la información es libre y pluralista y si la comunicación se efectúa bien, y en los dos sentidos, entre gobernantes (o aspirantes a gobernantes) y gobernados». La sentencia es terminante. No existe democracia viva. Hay monopolios de información, hay informaciones restringidas y ese diálogo entre la sociedad y los gobernantes, si existe, al pasar por los medios está siendo manipulado.

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